Juan de la Cruz, poeta, reformador de la Iglesia y futuro santo, ha sido conducido prisionero hasta el Convento de la Orden Carmelita, en Toledo. Es el año 1577. El prior y el visitador general de la Orden, sentencia a fray Juan a la pena de reclusión en una angosta celda, privandole de libertad por tiempo indefinido. Además, fray Juan es sistemáticamente torturado y privado de alimentos, a excepción de un trozo de pan seco y un poco de agua. La intención de los guardianes es vencer la resistencia del poeta.