En los últimos años del franquismo, cuando se hace evidente lo que se llama su "descomposición social y política", se produce un fenómeno que nos retrotrae a la España del siglo diecinueve.
De la inmensidad de los casilleros policiales, es extraida la ficha de un ladronzuelo de gallinas, convertido en incipiente atracador. Su figura, magnificada por el halo de la condena a muerte y denominada como "EI Lute", es ofrecida a los españoles como una distracción más.
Curiosamente, el pueblo invistió a "El Lute" de las virtudes y cualidades que deseaba poseer y que, en cierto modo, le habían sido arrebatadas: la valentía, el arrojo, la insumisión, etc. Y El Lute traspasó así los límites de la popularidad para convertirse en un campeón empeñado en una lucha contra las fuerzas del orden.