Ponemos a un grupo de ocupas, añadimos a un abuelo, también ocupa, que cumple ochenta años, montamos un fiestorro en el centro cultural alternativo para celebrarlo, con su tarta y todo, aunque más bien raquítica y deplorable, y con sus velitas por encima… y sobre los "croasanes" y el resto de bollería industrial y cutre, y sobre la mesa y por todas partes, porque, claro, ochenta velitas son un huevo de velas, ¿o no?.
Y el abuelo sopla aparatosamente, dispuesto a apagar todas las llamitas de una tacada. Y las apaga, y por las ventanas del centro cultural, rompiendo los cristales, entran mogollón de botes de humo, y aparecen nuevos invitados, más bien raritos, con sus cascos, sus escudos, sus porras… ¡Hostias, los maderos! ¡Un desalojo! ¡Un follón del vellón y sálvese quien pueda!
Y en la calle, Mari Paz, una periodista de televisión que trabaja para el "Canal-On", llega hasta Chuso, uno de los ocupas que sale follao del centro cultural, con la intención de entrevistarle, y resulta que: a) Mari Paz y Chuso habían estado enrollados un par de años atrás, b) la periodista recibe la orden, desde la unidad móvil, de salir por patas hacia la embajada cubana, dejando la entrevista a medias, c) Chuso y los demás ocupas se mosquean por no haber podido terminar sus protestas ante las cámaras y d) toda la peña, incluido el abuelo, se sube a la furgoneta grafiteada de los ocupas, y también se acopla, sobre la marcha, Alí, un vendedor ambulante de abalorios que pasaba por allí, y al que, confundiéndole con uno más del grupo, persigue a porrazos uno de los antidisturbios. Y la furgus que arranca a toda leche persiguiendo a la unidad móvil y con los ocupas dispuestos a seguir dando la vara hasta que se les escuche.
Y llegan hasta las puertas de la embajada cubana, atascada por los vehículos de periodistas, cámaras, televisiones, radios y fotógrafos. Y Eduardo, el productor de Mari Paz, que sale de la unidad móvil y la empuja sin contemplaciones dentro del edificio diplomático para ser los primeros en entrevistar a quien sea, porque a Fidel Castro le ha entrado el siroco y, desde la televisión cubana, se ha descolgado con un sorprendente notición.
Y los ocupas que también se cuelan dentro. Y del edificio sale precipitadamente Raúl, el comisario político de la embajada, dispuesto a cerrar las puertas para evitar la intrusión de las hordas informativas, y se cruza en los jardines con el grupo de Mari Paz y los ocupas, intenta echarles pero viendo venir en tropel al resto de los periodistas restantes, opta por el menor de los males y se precipita sobre la verja a tiempo de cerrarla evitando la invasión del ejército de los reporteros.
Y ya tenemos al grupete de ocupas metidos en otro lío, sin comerlo ni beberlo. Y se arma la de dios.
Y... |