Ana empieza a trabajar como médico en un centro de enfermedades sexuales, ante el horror de Antonio, su marido, también médico y asesor del Ministro de Sanidad. Ana conecta con unos personajes marginales como Rosi, una prostituta de aspecto punky y de costumbres clásicas, y Manolo, un gay.
Antonio es íntimo del ministro y espera su nombramiento como director general. A cambio, acepta como secretaria a Carolina, amante del ministro, escultural, pero incompetente. Un desliz con Carolina está a punto de arruinar sus aspiraciones políticas. Consigue ocultárselo al ministro, pero no a su mujer, porque le contagia una infección. Para averiguar el origen de esta, Ana tira del hilo hasta hacer que todos los implicados pasen por su consulta y acaben por bajarse los pantalones.