Los presidentes de Estados Unidos, George Busch; Reino Unido, Tony Blair y de España, José María Aznar, declaran sin ningún género de dudas que Irak posee armas de destrucción masiva que pueden poner en peligro el mundo. Se inician movilizaciones contra la guerra y un grupo de españoles decide marchar a Irak, donde se encuentran con gente comprometida de muchos otros países. Allí les coge la guerra, y se entrevistan con heridos, mutilados y otras víctimas de la guerra, especialmente los niños, donde declaran sus negras expectativas de futuro, como consecuencia del brutal y despiadado cambio que la guerra produce. Ya no son los niños con una vida ordenada, han pasado a formar parte de una población que utiliza cualquier fórmula para sobrevivir, conviviendo con el horror cotidiano.