1920. España ya no es un país colonial. Ahora conviven en él, mal avenidos, el guardia civil y el mendigo, el cura aldeano y la bruja, el embaucador y el enano, el militar y el anarquista, Don Quijote y Don Juan... Una sociedad deforme.
Y, dentro de Espana, Galicia. Donde todos los placeres tienen regustos paganos y todas las fiestas liturgias latinas. Patria de la avaricia, la lujuria y la muerte. Cantera inagotable de emigrantes a America. Y tema central de "Divinas palabras": un relato donde magia y pecado, amor y miseria, risa y crueldad conviven en armonia. Un esperpento.