Noche de San Juan de 1980: Miguel Gironza acciona un detonador a distancia y provoca la explosión del coche de su socio y amigo Arístegui. Dos extraños ancianos, Remedios y Nemesio, han sido testigos del asesinato. Al día siguiente, acompañados de una niña, aparecen en el entierro de Arístegui: comunican a un sorprendido Gironza que a partir de ese día verá cumplidos todos sus sueños. ¿A cambio de qué? Lo sabrá cuando vea un gato negro con la luna llena en la frente.